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Necesitamos un Sinsajo

Todavía está reciente el estreno de Sinsajo 2, que es a su vez la tercera parte de la saga Los juegos del hambre, puesta en escena desde 2012 por Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, entre otros.

Desde hace tiempo tengo la intención de escribir algunas cosas, sin llegar a concretarla todavía. De momento, sin embargo, la unión del estreno (que he disfrutado mucho) con la situación país, el ambiente pre y post electoral, la realidad que seguimos viviendo… me han llevado a estas líneas; porque la verdad es que me resulta imposible no hacer comparaciones entre una y otra: tanto Venezuela como Panem están sumidas bajo sistemas de gobierno totalitarios que generan miseria, muertes, injusticias… Y recordaba entonces el comentario (emocionado) de una amiga cuando salió de ver Sinsajo 1: “¡necesitamos un Sinsajo! ¡Quiero que tengamos uno!” sinsajo1

Y efectivamente: estamos viviendo unos tiempos que reclaman cambio, rumbo nuevo, porque el que tenemos ahora no nos ha dejado un saldo positivo. Y no estoy haciendo política con esto, que podría –por qué no…no habría nada de malo en ello-, pero ahora quiero hacer un planteamiento que pretende ser (ni mejor ni peor, sino) diferente del político…

Sí, es cierto: queremos un Sinsajo, necesitamos un Sinsajo; y entonces cabe la pregunta “¿qué es el Sinsajo?” En la historia de Suzanne Collins, el Sinsajo es una imagen, un símbolo –EL símbolode la resistencia, de los hombres y mujeres que se revelan a ser esclavizados por la tiranía, la mezquindad, la miseria…y, sobre todo –sobre todo−, se resisten y se revelan frente a la obligatoria lucha a muerte de los ciudadanos de Panem entre sí.

En varios momentos de la película y del libro, Katniss –el Sinsajo− y otros rebeldes hacen ver a los demás que “el verdadero enemigo” es el real enemypresidente Snow (y el sistema que ha instaurado) porque es quien los pone a pelearse entre sí, quien los hace matarse los uno a otros (y gran parte de la rebeldía de la película es contra ese ponerlos en la arena para una lucha a muerte con fines de entretenimiento (y sometimiento) de seres que originariamente no tienen nada unos en contra de los otros.

En estos días, transitando por Caracas, me fijaba en los muchos venezolanos que me rodeaban… Cada uno en lo suyo: una cola de mercado, saliendo del trabajo, manejando su carro o su moto, trotando, comprando… Gente. Venezolanos. Tan venezolanos como yo y como aquellos a los que quiero. Y pensaba, con cierta tristeza –a pesar de que era un pensamiento que podríamos llamar “positivo”−, que este pueblo nuestro es bueno. Los venezolanos somos buenos. Somos buenos. ¡Somos buenos! Pero estamos viviendo unas circunstancias que, al igual que en la tiranía de Panem a manos de Snow, buscan despertar en nosotros y reforzar lo peor de cada uno.

Necesitamos un Sinsajo.

Necesitamos revelarnos frente a este intento de seguir sacando de nosotros lo peor. No es (sólo) oponernos –que sí, que lo incluye y en esa batalla estamos− frente a un color, a una tolda, a un sistema político y sus secuaces; es eso, pero es aún más. Menos evidente, pero más vital y necesario: es resistir y arremeter contra el continuo llamado a despertar lo más bajo de cada uno de quienes habitamos esta tierra de gracia, porque el peligro es mucho mayor que cualquier debacle económica: el riesgo es el de terminar convirtiéndonos en la peor versión de nosotros mismos.

Ese es el verdadero problema, tal como lo recuerda aquél personaje en la Polonia invadida por la tiranía de Hitler: “si el bien no triunfa los nazis volverán con otro nombre”. El problema de fondo –como todas las grandes historias y hazañas humanas− está en el bien. Las circunstancias siempre son pasajeras. La necesidad del bien es permanente.ser bueno

Los sistemas de gobierno, los sistemas económicos, la cultura, la sociedad…fallan, se desboronan, cuando se ausenta de ellos el bien. Por tanto, el reto de los venezolanos –de cualquier ser humano, en realidad, pero ahora pienso en Venezuela− es mantener viva y defender su capacidad de luchar por el bien, de rescatar lo bueno…aunque cueste.

El Sinsajo, por tanto, el símbolo de quien se niega a ser reducido a su-peor-yo, es –tal como nos lo enseñaran Homero y Aristóteles− el hombre virtuoso. El Sinsajo que necesitamos es la virtud. La búsqueda constante y consciente del bien.

Katniss aprendió que “el verdadero enemigo” no era ninguno de sus conciudadanos, sino que había un origen mayor de las desgracias. Tenemos que hacer lo mismo. Los demás venezolanos NO son nuestros enemigos, sino la provocación continua a defendernos y atacarnos unos a otros.

Mi amiga tiene razón: necesitamos un Sinsajo. Necesitamos vencer el mal “con sobreabundancia de bien”. Necesitamos ser mejores, cada uno en su propio ambiente. Necesitamos hacer cosas buenas. Necesitamos obrar bien. Necesitamos, en una palabra, virtudes. hopeEstamos bajo una tiranía que apuesta por lo peor de cada uno. No la dejemos ganar en ese terreno tan personal e íntimo. Decidámonos a sacar lo mejor de nosotros, que es buscar el bien en cada una de nuestras circunstancias, pase lo que pase, cueste lo que cueste, estemos frente a quien sea… Y eso, en la práctica, se llama ejercitarse en las virtudes (puedes leer más sobre esto en este otro post).

¿Cuáles virtudes? El catálogo es amplio: revisemos y busquemos según nuestro propio caso. Solidaridad, honestidad, perseverancia, optimismo, sinceridad, fortaleza, justicia, prudencia, templanza, caridad, esperanza…

El Sinsajo es la imagen de la rebelión contra lo que nos animaliza. Es la imagen del hombre virtuoso. Lo muestra Homero, lo explica Aristóteles, lo encarna Jesús, recién llegado al pesebre. Vale la pena el esfuerzo: es nuestra integridad lo que está en juego.