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La paradoja de la felicidad humana (*)

La reciente creación del (Vice)Ministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo ha generado todo tipo de comentarios en las redes sociales y ocupado espacio en las conversaciones ocasionales de muchos venezolanos…no es para menos, la verdad.

Ciertamente, si los ministerios son los departamentos en que se divide la gobernación del Estado (RAE) y están para servir a los ciudadanos, según sugiere el término latino “ministrare” del que proviene, da la impresión de que todos y cada uno de ellos −y el Gobierno entero de una Nación− deberían tener como objetivo general “hacer feliz” al Pueblo que lideran. Pareciera que no hace falta un ente especializado en procurar la felicidad de un país, sino que esta sería la consecuencia natural de una gestión bien llevada.

Seguramente el tema sea más complejo que lo dicho y quizás estas observaciones no sean del todo acertadas. Pero a lo que se dirigen ahora estas líneas es a la pregunta acerca del sentido, el origen y los modos de alcanzar esa meta universal en que consiste la felicidad humana.mafalda_llave1

Todos queremos ser felices. De eso no cabe la menor duda. Ni siquiera cabe escapatoria: la búsqueda de la felicidad es lo único que determina al ser humano, es lo que le mueve a actuar, lo que inspira sus días y cada una de sus acciones. Sí: todos queremos ser felices, pero no siempre sabemos cómo lograrlo.

En líneas muy generales, podría hablarse de felicidad como la complacencia en la obtención de un bien; de donde Santo Tomás de Aquino destaca sus dos fundamentos: el primero, de carácter objetivo, es la perfección que se alcanza cuando se consigue un bien; y el segundo, perteneciente al plano subjetivo, es el gozo que se deriva de esa conquista.

De este modo, se deja ver que la felicidad surge necesariamente de la conjunción de estos dos elementos y se entiende sombraque es un efecto, una consecuencia…como lo es la sombra que un objeto proyecta sobre una pared. Se produce entonces algo paradójico: la felicidad no es una meta que pueda buscarse en sí misma, como no puede procurarse en sí misma la sombra, sino que es “el bono” que acompaña a lo bueno. La felicidad no puede existir donde no exista el bien. A lo sumo habrá placeres, incluso algunas alegrías pasajeras, pero la felicidad no aparece si el bien no está presente.

Por otra parte, la felicidad será mayor, mejor y más estable según sea así el bien que la sustenta, razón por la cual las mayores felicidades humanas están en el encuentro con los demás, en el amor: porque la persona humana es el mayor bien del universo.

Vale la pena no perder esto de vista en la propia vida y frente a los personales anhelos: el camino indispensable para alcanzar la felicidad es conseguir el bien, luchar por alcanzarlo, por hacerlo cada vez mayor y mejor en nuestro día a día.

*Esto fue un artículo publicado hace DOS AÑOS como colaboración a una web de temas de política… Facebook me recordó acerca de su publicación y decidí compartirlo aquí…

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