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La valentía de rectificar y recomenzar

Cuando “acepté el reto” de comenzar un blog, lo que me proponía era, sobre todo, comprometerme personalmente al ejercicio frecuente de escribir, es decir, de obligarme a pensar ordenadamente, lo cual implica no sólo el ejercicio intelectual sino, de modo particular, la disciplina de sacar un tiempo periódico para la tarea. reloj

Ambos cuestan, pero en el segundo ¡estoy bastante aplazada!

Desde mi último post a hoy se presentaron el cierre del año escolar, las vacaciones, el inicio del curso, la aparición de nuevos proyectos, accidentes y reparaciones… y un sinfín de menudencias que pudiera esgrimir de excusas, pero que lo serían muy débilmente.

Podría decir –no lo haré, pero podría− que “no he tenido tiempo” y algo de cierto habría en ello, quizás un poco más si dijera “me ha faltado tiempo”. Pero a la hora de la verdad, ambas justificaciones serían equivocadas.

La razón de fondo de estos ¡cuatro! meses de silencio en el blog (hago la acotación adrede) es una y sólo una: falta de organización. Tiempo hay, pero tantas veces nos –me− falta el orden necesario para aprovecharlo mejor y hacerlo rendir.

Por “suerte”, la vida humana es un continuo comenzar y recomenzar de nuestras distintas actividades y relaciones que nos permite rectificar el rumbo tantas veces como haga falta, mientras tengamos −aunque pueda sonar exagerado− la valentía para reconocer las propias limitaciones y hacer los esfuerzos necesarios para superarlas y seguir adelante, con la intención de que los nuevos intentos sean y nos hagan mejores.

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Cabe también, por supuesto, la posibilidad de rendirse: de pactar con los defectos y los vicios, de esconderse por miedo detrás de un “es que soy así, no hay nada que hacer”; conformarnos con las excusas y justificar los errores hasta el punto de creer que “no queda otra”, que “no somos capaces de más” y que hay que dejar las cosas como están. De no atrevernos a reintentarlo.

Es entonces cuando hace falta valentía.

Tal como nos plantean Tris y Tobías en la saga Divergente (confesión: hace poco terminé de leerla por ¡segunda! vez), muy pocas veces (o nunca) se nos ocurre que necesitaremos ser valientes en los pequeños momentos de la vida, pero lo cierto es que nos hace falta con más frecuencia de lo que creemos. Aquellos de Uds. que la han leído –¡leído!: la película le es fiel en poco más que los nombres−, recordarán las reflexiones finales de Tobías, cuando dice

En este mundo hay muchas formas de ser valiente. A veces, la valentía implica dar la vida por algo más importante que tú o darla por alguien. A veces implica renunciar a todo lo que has conocido o a todos los seres queridos por un bien mayor.

Pero no siempre es así.

A veces no es más que apretar los dientes para soportar el dolor y el trabajo de cada día y así caminar poco a poco hacia una vida mejor.

Esa es la valentía que necesito ahora.

Y también yo: para organizarme mejor, para sacarle mejor provecho al tiempo, para recomenzar este ejercicio.

¡Vamos a ver qué tal nos va! message-box-retry-cancel-button

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El amor de papá que da fuerza a un Gran Pequeño*

Ambientada en un pequeño pueblo de California de los años 40, Little boy  cuenta la historia de Pepper Flint Busbee, un niño de 8 años con problemas de crecimiento, apodado así, ‘little boy’ (pequeño niño/niño pequeño), por unos (entre cariñosos e indiferentes) y “enano” por otros, que lo tratan mal y molestan.little-boy-4

A pesar de todo, Pepper es un niño feliz pues goza del cariño, la compañía y aliento de su papá; sin embargo, su mundo se tambalea cuando “su socio”, su mejor amigo y refugio tiene que irse a la guerra.

Inspirado por una homilía dominical, decide hacer todo lo que esté a su alcance por conseguir lo imposible: hacer que finalice la contienda y traer a su padre de vuelta a casa. El sacerdote del pueblo lo anima entonces a poner en práctica una “lista ancestral” con la que Pepper comienza a vivir algunas obras de misericordia a fin de aumentar su fe y lograr su cometido.

A mí me gustó mucho la película: tiene muy buenos actores haciendo muy bien sus papeles; me encantaron la ambientación, la fotografía, ¡la ternura de Pepper!, la sabiduría de Hashimoto y del padre Oliver (cada una en su estilo)… Se las recomiendo, especialmente en este junio −que es mes del padre, en mi país al menos− del Año de la Misericordia.

Además, me parece que se le puede sacar −además de alguna posible lagrimita− mucho provecho para nuestra vida personal y familiar (que es lo que, en el fondo, busca Verástegui con su trabajo, no?), motivo por el que quise compartir algunas apreciaciones con ustedes.

  • Una primera (y principal) idea que se destaca es la importancia de la familia: la presencia de papá: el amigo y “compañero” que da seguridad, sentido y conserva la bondad e ilusión de Pepper; la figura materna como espacio de ternura, consuelo, fuerza y apoyo para hacer el bien.

En contraste con esa riqueza, se deja ver, en cambio, el vacío y la desorientación que sufren little boy8..tanto Freddy Fox (el hijo del médico) a quien le falta el cariño de su madre, como London Fusbee, por la influencia negativa que recibe de Sam (a quien le atormenta la amarga pérdida de su hijo).

Una cosa que me pareció particularmente interesante es que esa-presencia-de-papá es real y palpable, aunque no física, a lo largo de toda la película, justamente por la fuerza del cariño.

  • Hace un llamado de atención sobre la relevancia, en la tarea educativa, de manifestar confianza en las capacidades del otro como un modo de formar su autoconcepto y autoestima, así como camino para ayudarle a desarrollar esas potencialidades. (Me hizo recordar lo que cuenta THC en un reciente video acerca de la madre del famoso Thomas Edison)
  • La capacidad del amor (tanto familiar como de amistad) para descubrir, cuando es verdadero, el bien actual y posible en el otro: la clarividencia del amor (versus la –falsa− propuesta de su “ceguera”) lleva a quien ama a acompañar, escuchar, animar, little boy7exigir…al amado y le ayuda a alcanzar la mejor versión de sí mismo posible.
  • La referencia al “poder interno” −que podemos traducir como “bondad interna”, o sea: dignidad, libertad interior− como fuente de las grandes hazañas, tanto en las de Ben Eagle como en la perseverancia y el esfuerzo de fe por la que Pepper “logra lo imposible”, nos lleva a recordar que la persona vale por lo que es y no por lo que tiene.
  • La fuerza del amor, que mira el bien del amado más que el propio o por encima de los sacrificios que hay que hacer por él, está representada en la realización de “la lista ancestral”, cuya alta exigencia no amedrenta a Pepper que está determinado a traer de vuelta sano y salvo a su papá, cueste lo que cueste. De allí que el sacerdote le diga que «el amor que tienes por él [su padre] está contenido en esa lista» y que cuando el pequeño se la deja, una vez acabada, pueda afirmar «la hice por ti».
  • En la misma línea del empeño y sacrificio que supuso llevar a cabo la lista, hay una idea que me parece notable y es que, contrario a lo que algunos dicen a veces, amar y creer exigen coraje, fuerza, valentía, determinación. Un temple que tiene todo que ver con la riqueza interna, más que con la capacidad física, como dejan claro las historias tanto de Pepper como de Samao Kume, el pequeño e impotente sirviente.

En ese sentido, me encantó cuando Hashimoto le dice a Pepper que ‘no se mida de la cabeza al suelo, sino de la cabeza al cielo y entonces será el más alto’, volviendo a resaltar aquella idea de El Principito: lo esencial lo importante, lo grande, es invisible a los ojos.

  • Es particularmente interesante que lo que el padre Oliver propone a Pepper como camino de acrecentar la fe necesaria para traer a su papá de vuelta sean, listaprecisamente, las obras de misericordia corporales, a las que agrega una espiritual (que podríamos identificar con la de “perdonar las ofensas”) porque, como claramente señala el sacerdote, «tu fe no funcionará si tienes el más mínimo odio dentro de ti»: una verdad que debemos recordarnos los venezolanos, cada vez con más fuerza, en nuestro día a día…
  • Como ya me he alargado mucho y la película es bastante elocuente con respecto al modo como Pepper va cumpliendo su “lista” y las transformaciones que se producen en torno a ello, sólo voy a resaltar ahora dos ideítas, brevemente:
    1. Estas obras de misericordia se viven de modo sencillo y cercano, con quienes le rodean en lo cotidiano, idea que puede sernos útil e interesante pues a veces podemos habernos “acostumbrado” a las necesidades de quienes están a nuestro lado y dejamos pasar oportunidades de practicar la misericordia por esperar “grandes ocasiones”, que nunca llegan.
    2. Cuando va al hospital con Hashimoto y visita a un enfermo, Pepper supera su miedo y resistencia iniciales, pero además deja allí –le entrega, lo sacrifica− algo que era valioso para él, pues “esto de la misericordia” no consiste en dar lo que sobra o simplemente en “cumplir” una tarea u obligación, sino en darnos −como decía la beata Teresa de Calcuta− «hasta que duela», por amor a los demás.

 

Hay mucho más que decir, apreciar y aprovechar en esta película: ¿qué otras ideas agregarían Uds.?

 

Feliz día a este miembro tan importante de la familia, que tiene la capacidad maravillosa de convertir a “un enano” en un “gran pequeño”.Little boy cartel

¡Feliz día, en especial, al mío! 😀

 

PD: si alguno se anima a organizar un Cineforo con esta peli y quiere trabajarlo usando preguntas previas, les pongo a la orden unas que tengo preparadas: avísenme 😉

 

 

 

* Little boy (2015) fue dirigida por Alejandro Gómez Monteverde, producida por Eduardo Verástegui y escrita por Alejandro Monteverde y Pepe Portillo. Para quienes no la han visto, aquí les dejo el tráiler https://goo.gl/qRHHoL

 

 

 

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Bueno contra bueno… ¿quién es bueno?

Hace poco fui a ver Capitan America. Civil war, la tercera película de esta saga, que es como la décima de la serie Advengers tomada en conjunto.

No se preocupen, no hay ningún spoiler en este texto. No diré nada que no aparezca ya en los trailers.

Por lo que se puede ver en esos avances, la película presenta una fuerte discordia civil war 1entre la mayor parte de “los héroes más poderosos del planeta”. Con el capitán Rogers y Tony Stark a la cabeza, siguiendo a uno y a otro, tenemos un enfrentamiento de súper-héroes peleando entre sí; y, dicho sea de paso, con ellos también la audiencia, que nos hemos “dividido” entre #TeamIronMan o #TeamCap.

En estos días, coincide en cartelera Batman vs Superman y, aunque no la he visto, según muestran los trailers me parece que otro tanto ocurre en ella: dos defensores insignes de la humanidad batallando, cada uno procurando derribar al otro.Batman_v_Superman

No creo en las casualidades. Y menos cuando hablamos de productos culturales como el cine…

Me parece a mí (puedo equivocarme y me encantaría leer sus comentarios al respecto) que estamos presenciando la conquista de una nueva cota por parte del relativismo.

Hasta ahora, si había algo que se mantenía con cierta claridad, era la figura del súper-héroe que se enfrentaba al villano. El villano era malo y perdía. El súper-héroe era bueno−no perfecto, pero bueno− y ganaba.

Ya no.

Las fronteras que separaban a los buenos de los malos se van difuminando de tal modo que cada quien (#TeamIronMan  /  #TeamCap) decida a cuál grupo, de buenos o malos, pertenecen unos u otros… más aún: para que cada quien decida si existen o no tales grupos.

Se trata de aquel viejo “nada es verdad, nada es mentira: todo depende del cristal con que se mira”.

Sí: hay algo de relativo en algunas verdades. No hay duda de ello: eso es una verdad Dependeabsoluta. Pero en la base de opiniones, gustos e interpretaciones se mantiene la verdad: pueden haber muchos “cristales”, pero la realidad que se mira es una y es como es. Sin ella no sería posible ni el conocimiento, ni la convivencia, ni el avance de la ciencia, ni los ideales, ni… ¡nada!

Las nociones de bien y de mal. De bueno y de malo. De súper-héroe y villano hasta ahora se habían respetado bastante bien. Pensemos, por ejemplo –y para no dispersarme mucho del contexto de estas reflexiones− en la figura de Loki: es simpático, inteligente, su trágica historia puede conmover… pero la verdad es que hizo cosas malas y debe responder por ellas ante la justicia de Asgard. Punto. Punto y seguido o punto y aparte, si se quiere, pero punto. Y hemos de reconocer que eso es parte de lo que nos atrae al cine, incluso cuando no seamos conscientes de ello: historias –fantásticas o reales− bien contadas, coherentes, lógicas, que tengan algo que decir acerca de nuestra condición humana. Que nos presenten esos claroscuros que entretejen nuestra vida y la hacen interesante.

Si pretendiéramos borrar –mejor dicho ignorar porque allí seguirán, queramos o no− las nociones de verdad y bien como puntos estables de referencia, como faros firmes del faropaisaje, lo que nos queda es el caos. Nos queda un cuadro pintado sin contrastes, un juego de fútbol sin líneas ni posiciones, un sistema de “justicia” donde se impone la fuerza, a falta de otros referentes…

La película es buena, a mí me gustó, al menos. NO estoy diciendo que tenga un planteamiento absolutamente relativista (jaja!), sólo que me parece que estas nuevas propuestas de los buenos contra los buenos, además de resultar entretenidas –sí, no podría ni querría negarlo− ofrecen un contexto interesante para aprovechar de plantearnos cuestiones más de fondo…

 

 

 

 

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El poder de un (buen) amigo*

El tema de la amistad es uno de los que están más íntimamente relacionados con nuestra condición de personas. Todos los hombres de todos los tiempos y culturas –cualquiera fuera su condición− han tenido amigos.

Al igual que ocurre en todo lo radicalmente humano, el cine y la literatura suelen hacer eco de la verdad que encierra aquello de que «quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro». No podemos imaginarnos al Principito sin el zorro o el aviador; o al Quijote sin Sancho; a Frodo sin Sam; a Harry sin Ron y Hermione…por nombrar sólo a algunos (de mis favoritos).
Los seres humanos somos sujetos esencialmente relacionales. Necesitamos del otro para ser nosotros mismos. Y esto no (solo) desde una perspectiva de necesidad-por-carencia, sino más bien de necesidad-por-abundancia: como hemos comentado en alguna otra ocasión –y como lo hemos experimentado todos, en mayor o menor medida−, las personas nos perfeccionamos en la autoposesión que nos permite autodonarnos, es decir: en el amor, una de cuyas manifestaciones privilegiadas es, de hecho, la amistad. img_0291

Es mucho lo que se ha dicho y puede decirse acerca de este “tesoro”. No pretendo ahondar ahora en ello, pero sí quería dejar unas líneas acerca del enorme bien que puede hacer la palabra acertada, el diálogo adecuado, la invitación conveniente…cuando vienen envueltos con los lazos de la amistad. Cada quien puede pensar en su propia experiencia: cuán distinta podría haber sido nuestra historia de no haber contado con los buenos amigos que hemos tenido la suerte de encontrar y cultivar a lo largo del camino.

Quizás lo de “buen-amigo” sea redundante: me parece a mí que lo que hace amigo a un amigo es que sea, precisamente, bueno. Que lo propio de la amistad es “querer bien al amigo y querer el bien del amigo”, como explicaba el Dr. Pérez Olivares.

En la historia que cuenta Good Will Hunting vemos algo de esto: un joven genio viviendo a medias y con un mar de oportunidades por delante, aterrado frente a la imageposibilidad de querer y dejarse querer y a quien las palabras de su amigo −sinceras, retadoras, llenas de bien− abren su espíritu a los consejos recibidos y dan el impulso para “lanzarse al agua” y atreverse a la grandeza de la que era capaz, en lo personal y lo profesional.

Una conversación con un buen amigo: a veces es todo lo que hace falta para transformar una vida. De ahí la responsabilidad de ser un buen amigo de nuestros amigos (y de quienes nos rodean). De allí la necesidad de cuidar a los amigos buenos que tenemos.

En lo personal, quién sabe cuán perdida estaría de no haber sido por mis amig@s. Cuánto más habrían costado las cosas sin el apoyo cercano, confiado e incondicional de Caro, Dani, Mel, Martín, Albert, LuisE. Sin el consejo sabio, paciente y oportuno de Noy, Gerardo, José Antonio, Chipín, Nico… Qué interesante hacen el presente, junto a Lore, Adri, Gra, Lando, María, Pichu… E incluso (aunque nos veamos muy poco!) Amin, Carlos, Ainara, Isa, Silv, Anita, Carolina, Míguel…

Querer bien al amigo y querer el bien del amigo”. Es lo propio de la amistad. Es lo que tienen en común los grandes personajes (reales o literarios) y quienes hemos vivido, en la doble dinámica del dar y recibir, la suerte de contar con buenos amigos.

 

* Hace varias semanas vi Good Will Hunting (Matt Damon, Robin Williams y Ben Affleck, 1997…ya “es vieja”) y me hizo pensar un poco sobre el título (no sé si cursi) de este post…y siendo así que este fin de semana es el llamado “día del amor y la amistad” (no diré mi opinión sobre si ESO es cursi o no, jaja!), me pareció pertinente poner por escrito parte de esas ideas.

Necesitamos un Sinsajo

Todavía está reciente el estreno de Sinsajo 2, que es a su vez la tercera parte de la saga Los juegos del hambre, puesta en escena desde 2012 por Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Liam Hemsworth, Woody Harrelson, entre otros.

Desde hace tiempo tengo la intención de escribir algunas cosas, sin llegar a concretarla todavía. De momento, sin embargo, la unión del estreno (que he disfrutado mucho) con la situación país, el ambiente pre y post electoral, la realidad que seguimos viviendo… me han llevado a estas líneas; porque la verdad es que me resulta imposible no hacer comparaciones entre una y otra: tanto Venezuela como Panem están sumidas bajo sistemas de gobierno totalitarios que generan miseria, muertes, injusticias… Y recordaba entonces el comentario (emocionado) de una amiga cuando salió de ver Sinsajo 1: “¡necesitamos un Sinsajo! ¡Quiero que tengamos uno!” sinsajo1

Y efectivamente: estamos viviendo unos tiempos que reclaman cambio, rumbo nuevo, porque el que tenemos ahora no nos ha dejado un saldo positivo. Y no estoy haciendo política con esto, que podría –por qué no…no habría nada de malo en ello-, pero ahora quiero hacer un planteamiento que pretende ser (ni mejor ni peor, sino) diferente del político…

Sí, es cierto: queremos un Sinsajo, necesitamos un Sinsajo; y entonces cabe la pregunta “¿qué es el Sinsajo?” En la historia de Suzanne Collins, el Sinsajo es una imagen, un símbolo –EL símbolode la resistencia, de los hombres y mujeres que se revelan a ser esclavizados por la tiranía, la mezquindad, la miseria…y, sobre todo –sobre todo−, se resisten y se revelan frente a la obligatoria lucha a muerte de los ciudadanos de Panem entre sí.

En varios momentos de la película y del libro, Katniss –el Sinsajo− y otros rebeldes hacen ver a los demás que “el verdadero enemigo” es el real enemypresidente Snow (y el sistema que ha instaurado) porque es quien los pone a pelearse entre sí, quien los hace matarse los uno a otros (y gran parte de la rebeldía de la película es contra ese ponerlos en la arena para una lucha a muerte con fines de entretenimiento (y sometimiento) de seres que originariamente no tienen nada unos en contra de los otros.

En estos días, transitando por Caracas, me fijaba en los muchos venezolanos que me rodeaban… Cada uno en lo suyo: una cola de mercado, saliendo del trabajo, manejando su carro o su moto, trotando, comprando… Gente. Venezolanos. Tan venezolanos como yo y como aquellos a los que quiero. Y pensaba, con cierta tristeza –a pesar de que era un pensamiento que podríamos llamar “positivo”−, que este pueblo nuestro es bueno. Los venezolanos somos buenos. Somos buenos. ¡Somos buenos! Pero estamos viviendo unas circunstancias que, al igual que en la tiranía de Panem a manos de Snow, buscan despertar en nosotros y reforzar lo peor de cada uno.

Necesitamos un Sinsajo.

Necesitamos revelarnos frente a este intento de seguir sacando de nosotros lo peor. No es (sólo) oponernos –que sí, que lo incluye y en esa batalla estamos− frente a un color, a una tolda, a un sistema político y sus secuaces; es eso, pero es aún más. Menos evidente, pero más vital y necesario: es resistir y arremeter contra el continuo llamado a despertar lo más bajo de cada uno de quienes habitamos esta tierra de gracia, porque el peligro es mucho mayor que cualquier debacle económica: el riesgo es el de terminar convirtiéndonos en la peor versión de nosotros mismos.

Ese es el verdadero problema, tal como lo recuerda aquél personaje en la Polonia invadida por la tiranía de Hitler: “si el bien no triunfa los nazis volverán con otro nombre”. El problema de fondo –como todas las grandes historias y hazañas humanas− está en el bien. Las circunstancias siempre son pasajeras. La necesidad del bien es permanente.ser bueno

Los sistemas de gobierno, los sistemas económicos, la cultura, la sociedad…fallan, se desboronan, cuando se ausenta de ellos el bien. Por tanto, el reto de los venezolanos –de cualquier ser humano, en realidad, pero ahora pienso en Venezuela− es mantener viva y defender su capacidad de luchar por el bien, de rescatar lo bueno…aunque cueste.

El Sinsajo, por tanto, el símbolo de quien se niega a ser reducido a su-peor-yo, es –tal como nos lo enseñaran Homero y Aristóteles− el hombre virtuoso. El Sinsajo que necesitamos es la virtud. La búsqueda constante y consciente del bien.

Katniss aprendió que “el verdadero enemigo” no era ninguno de sus conciudadanos, sino que había un origen mayor de las desgracias. Tenemos que hacer lo mismo. Los demás venezolanos NO son nuestros enemigos, sino la provocación continua a defendernos y atacarnos unos a otros.

Mi amiga tiene razón: necesitamos un Sinsajo. Necesitamos vencer el mal “con sobreabundancia de bien”. Necesitamos ser mejores, cada uno en su propio ambiente. Necesitamos hacer cosas buenas. Necesitamos obrar bien. Necesitamos, en una palabra, virtudes. hopeEstamos bajo una tiranía que apuesta por lo peor de cada uno. No la dejemos ganar en ese terreno tan personal e íntimo. Decidámonos a sacar lo mejor de nosotros, que es buscar el bien en cada una de nuestras circunstancias, pase lo que pase, cueste lo que cueste, estemos frente a quien sea… Y eso, en la práctica, se llama ejercitarse en las virtudes (puedes leer más sobre esto en este otro post).

¿Cuáles virtudes? El catálogo es amplio: revisemos y busquemos según nuestro propio caso. Solidaridad, honestidad, perseverancia, optimismo, sinceridad, fortaleza, justicia, prudencia, templanza, caridad, esperanza…

El Sinsajo es la imagen de la rebelión contra lo que nos animaliza. Es la imagen del hombre virtuoso. Lo muestra Homero, lo explica Aristóteles, lo encarna Jesús, recién llegado al pesebre. Vale la pena el esfuerzo: es nuestra integridad lo que está en juego.

La paradoja de la felicidad humana (*)

La reciente creación del (Vice)Ministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo ha generado todo tipo de comentarios en las redes sociales y ocupado espacio en las conversaciones ocasionales de muchos venezolanos…no es para menos, la verdad.

Ciertamente, si los ministerios son los departamentos en que se divide la gobernación del Estado (RAE) y están para servir a los ciudadanos, según sugiere el término latino “ministrare” del que proviene, da la impresión de que todos y cada uno de ellos −y el Gobierno entero de una Nación− deberían tener como objetivo general “hacer feliz” al Pueblo que lideran. Pareciera que no hace falta un ente especializado en procurar la felicidad de un país, sino que esta sería la consecuencia natural de una gestión bien llevada.

Seguramente el tema sea más complejo que lo dicho y quizás estas observaciones no sean del todo acertadas. Pero a lo que se dirigen ahora estas líneas es a la pregunta acerca del sentido, el origen y los modos de alcanzar esa meta universal en que consiste la felicidad humana.mafalda_llave1

Todos queremos ser felices. De eso no cabe la menor duda. Ni siquiera cabe escapatoria: la búsqueda de la felicidad es lo único que determina al ser humano, es lo que le mueve a actuar, lo que inspira sus días y cada una de sus acciones. Sí: todos queremos ser felices, pero no siempre sabemos cómo lograrlo.

En líneas muy generales, podría hablarse de felicidad como la complacencia en la obtención de un bien; de donde Santo Tomás de Aquino destaca sus dos fundamentos: el primero, de carácter objetivo, es la perfección que se alcanza cuando se consigue un bien; y el segundo, perteneciente al plano subjetivo, es el gozo que se deriva de esa conquista.

De este modo, se deja ver que la felicidad surge necesariamente de la conjunción de estos dos elementos y se entiende sombraque es un efecto, una consecuencia…como lo es la sombra que un objeto proyecta sobre una pared. Se produce entonces algo paradójico: la felicidad no es una meta que pueda buscarse en sí misma, como no puede procurarse en sí misma la sombra, sino que es “el bono” que acompaña a lo bueno. La felicidad no puede existir donde no exista el bien. A lo sumo habrá placeres, incluso algunas alegrías pasajeras, pero la felicidad no aparece si el bien no está presente.

Por otra parte, la felicidad será mayor, mejor y más estable según sea así el bien que la sustenta, razón por la cual las mayores felicidades humanas están en el encuentro con los demás, en el amor: porque la persona humana es el mayor bien del universo.

Vale la pena no perder esto de vista en la propia vida y frente a los personales anhelos: el camino indispensable para alcanzar la felicidad es conseguir el bien, luchar por alcanzarlo, por hacerlo cada vez mayor y mejor en nuestro día a día.

*Esto fue un artículo publicado hace DOS AÑOS como colaboración a una web de temas de política… Facebook me recordó acerca de su publicación y decidí compartirlo aquí…

“Portadores de humanidad” (*)

Ilustrísimo Rector Dr. Joaquín Rodríguez Alonso, autoridades del Consejo Superior y demás autoridades de la Universidad; profesores, señoras y señores.

Queridísimos graduandos.

DiscursoHace diez años y dos días, me encontraba en una de esas sillas en las que ustedes están ahora: nos acogía entonces este mismo auditorio para llevar a cabo el primer acto de graduación de la Universidad Monteávila. Hoy, se me ha concedido el honor de dirigirme a Uds., en representación del Claustro universitario.
Y, pensando en lo que querría decirles, me pareció buena idea que tuviéramos una última clase de Antropología, materia gracias a la cual pudimos compartir tantas ocasiones.

En esos ratos que pasamos juntos hablando de la persona humana, fuimos aprendiendo a descubrirnos a nosotros mismos, a profundizar sobre el sentido de nuestra  vida, sobre el valor y la riqueza que supone experimentar a plenitud y en profundidad la libertad personal.

Libertad que existe para construir la propia existencia, para auto-poseernos, para hacernos valientes y generosos en la conquista del bien personal y del bien común. Libertad que necesita de una inteligencia bien formada, abierta y comprometida con la verdad. De una voluntad que no tema los obstáculos que la consecución del bien presenta. Libertad que nos haga muy dueños de nosotros mismos, comprometidos con ideales altos y nobles, que nos lleve a Frankl'spotenciar nuestras capacidades, a adquirir los hábitos necesarios para hacer el bien y “contagiar” esa riqueza a las personas y a las instituciones que nos rodean. Libertad, en definitiva, para ir haciendo golpe a golpe y verso a verso, con cada decisión, con cada relación interpersonal, laboral, social… la mejor versión de nosotros mismos.

Con esta idea en mente, recordaba que de la mano de Víctor Frankl[1], acompañándolo en los horrores de un campo de un concentración nazi, aprendimos que el mundo gira y girará siempre movido por la fuerza de la búsqueda constante y valiente de lo bueno, lo verdadero, lo bello; de la preocupación y ocupación sincera por los demás, en una palabra: por la fuerza del amor.

Amor −espero que lo recuerden, que no se resuelve en el plano de lo inmediato ni de lo puramente  sentimental, sino que se eleva en el ámbito de la entrega, muchas veces sacrificada, para ponernos al servicio del otro, reconociendo su dignidad, singularidad y valía absolutas, acogiéndolo y acompañándolo en su camino a la felicidad.

Cada uno de los títulos y medallas que han recibido, que hemos recibido los hijos de esta Alma Mater, tiene inscrito de modo visible el lema de la Monteávila, que es a la vez recordatorio e invitación. “Supra Montem Possita”: “puesta sobre el monte”. Y es que lo propio de los licenciados, abogados y especialistas de Monteávila es que sean hombres y mujeres de bien, cuyo actuar recto esté a la vista de todos, cuyos modos y decisiones sean ejemplo que animen e iluminen a los otros, cuyo corazón sea, como invitaba nuestro querido poeta, “espejo donde se peinen la conciencia los hijos de nuestro pueblo”[2].

Ese sentido de responsabilidad, de solidaridad y de trascendencia ha de espolearnos cada día y en cada cosa que hacemos, con la seguridad de que como también nos enseñó Frankl, “en las horas difíciles siempre hay alguien que nos observa”, que nada de cuánto ocurre −y nos ocurre− es fruto del puro azar, que nuestras vidas tienen una finalidad concreta, un sentido que descubrimos cuando nos damos a los demás, cuando buscamos el bien.

Muchas cosas grandes y buenas dependen de nuestro actuar y nuestro decidir. Por eso, no podemos perder de vista nunca que “no importa tanto lo que podamos esperar de la vida, sino el hecho de que la vida espera algo de nosotros[3].

Venezuela necesita que seamos mejores venezolanos y eso sólo podremos hacerlo si nos empeñamos en ser mejores seres humanos. El país −el mundo− necesita desesperadamente de hombres y mujeres que sean fieles a su condición de personas, que tengan la fortaleza de nadar contracorriente cuando sea necesario, de buscar con valentía la verdad, de luchar con fortaleza en la instauración del bien, aún cuando la resistencia provenga de nosotros mismos.

Venezuela espera de nosotros que nos esforcemos por ser personas humanas a carta cabal. Para ello es necesario que no dejemos de formarnos nunca, que cultivemos la propia intimidad, que nos abramos a la trascendencia de los amores humanos y del Amor divino y que asumamos con entereza el desafío inmenso de la construcción personal, único camino para las reconstrucciones socioculturales necesarias.

Sin pretensión de simplificar lo que en sí mismo es amplio y complejo, me aventuraría a afirmar que es este el gran reto que tenemos entre manos y ustedes, como nuevos egresados, de un modo particular: rescatar nuestra condición personal, esa que tiene como modelo, referencia y objetivo al Bien, la Verdad y la Belleza en sentido absoluto.

Así pues, quiero despedirme, mejor dicho, decirles hasta pronto, pidiéndoles que no pierdan esto de vista, que hagan vida lo que han recibido en la UMA, que sean personas humanas coherentes con su grandeza y su responsabilidad; en definitiva, que sea cada uno, cada una –en frase del Papa Francisco−, “hombres [y mujeres] ¡portadores de [verdadera] humanidad!

Muchas gracias

(*) Sigo haciendo trampa!!! (Jeje!) No he podido producir nada nuevo, así que comparto con ustedes mi discurso en el Acto de Grado de la Universidad Monteávila del año pasado

[1] Cfr. Rafael de los Ríos, Cuando el mundo gira enamorado. Semblanza de Víctor Frankl, Rialp, 2002.

[2] Andrés Eloy Blanco, Coloquio bajo el laurel

[3] Cfr. Rafael de los Ríos, op.cit., p.121