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Las cinco emociones de Intensa-mente (parte 2 de 2) (*)

Comentábamos el mes pasado que la más reciente película de Disney-Pixar, Inside out, que en Latinoamérica se ha llamado Intensa-mente y en España Del revés, nos ofrece una ocasión de reflexionar acerca de la naturaleza e importancia del mundo afectivo humano.

En el interior de Riley Anderson “habitan” cinco emociones básicas: Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado e Ira.

Aunque evidentemente se trata de una caracterización animada (aunque bastante bien lograda, hay que reconocerlo), podemos aprovecharla para plantearnos algunas ideas que podrían ser útiles en el proceso de auto conocimiento y manejo de la propia afectividad (sobre la que hablamos en el post anterior).

Veamos, entonces, algunas características −presentes en el film y en la vida real− de cada una de estas emociones básicas:

  1. Alegría.

Es el sentimiento preponderante, el que dirige el Centro de control y en quien se apoyan las demás emociones. Sin embargo, aunque es el más placentero, descubrirá que no le corresponde actuar siempre. joy

Una propuesta interesante es notar cómo −a pesar de intentarlo, a su manera− no logra consolar: hay momentos en los que tratar de mantener la sensación de alegría  sería forzado. En cambio se da cuenta que Tristeza empatiza y descubre que muchas veces su propia aparición depende de ‘dar espacio’ a lo que inicialmente se vislumbra como negativo (como ocurre con el recuerdo del partido de Hockey o el abrazo consolador con su familia).

En general, conviene no perder de vista que:

  • más que la alegría sensible importa la que viene de sabernos dignos por naturaleza, capaces del bien y queridos (por Dios, por nuestra familia y amigos…)
  • es necesario aprender a alimentar esa (segunda) alegría y a apoyarse en ella: fijarse en lo positivo y en las posibles soluciones, disfrutar de lo que hay, agradecer, admirarse, querer…
  1. Tristeza.

Inicialmente no se sabe cuál es su función: “no estoy segura de qué hace”, dice Alegría; y a todos nos resulta particularmente pesada. Sin embargo, es tan protagonista y valiosa como Alegría y las demás. De hecho, es interesante que, aunque inicialmente nos parezca que “la culpa del problema” que se desencadena la tiene Tristeza, lo cierto es que si Alegría no hubiera tratado de impedir que hubiera un Pensamiento Central triste, probablemente no habría ocurrido el accidente. Y es que las situaciones negativas (que producen tristeza), si las vivimos bien, nos pueden hacer crecer, al darnos cuenta de que no somos autosuficientes y que necesitamos a los demás. Así mismo, al experimentar emociones negativas nos hacemos más sensibles a los otros.

sadnessLo malo no se tapa, se maneja y expresa: es lo que se muestra con toda la experiencia y aprendizaje de Alegría acerca del valor de Tristeza.

No sentir no es una meta: todo se vuelve gris y malo, duro, frío (como muestra el tablero durante la huida); saber asumir e integrar lo que se siente sí es la meta, de modo que lo que se siente pasa a enriquecer la vida y las experiencias.

Por eso si la tristeza nos envuelve nos ‘tumba’, haciéndonos perder tiempo y energías: es la tristeza inútil en la autocontemplación; pero si en cambio la integramos en nuestra existencia, puede impulsar nuestro perfeccionamiento.

  1. Temor.miedo

La principal ocupación de Temor es mantener a Riley a salvo y protegerla. Es interesante que, precisamente por ese rol, intenta tomar la iniciativa de dirigir el Centro de Control en ausencia de Alegría, para resguardarla −en lo posible− del desastre y evitar daños. No obstante, también es la primera en plantearse la renuncia, la huída, porque es insoportable vivir temiendo lo malo todo el tiempo.

Dos consideraciones acerca del temor:

  • La anticipación permanente de lo que se teme es la base de la ansiedad. Como a toda emoción, el miedo hay que manejarlo y ponerle límite pues, de lo contrario, crece y se generaliza.
  • En nuestra vida hay una vulnerabilidad real, porque hay muchas cosas sobre las que no tenemos dominio y la sensación de miedo nos avisa al respecto; sin embargo, hay que saber confiar: tanto en las propias capacidades de superar los obstáculos, como también en el sentido trascendente de nuestra existencia por el cual es posible obtener bienes aún en las situaciones más adversas.
  1. Desagrado.

Evita que Riley se envenene −tanto física como socialmente. En la película han diseñado esta emoción para encajar en ella un amplio espectro de todo lo que “no gusta”: desde la comida hasta la compañía, pasando por las actividades.asco

Como toda emoción, a través de esa información de agrado y desagrado que proporciona, nos brinda datos que debemos considerar al momento de tomar decisiones y actuar, aunque sin dejarnos llevar por ella sin más, pues no todo lo que nos desagrada es malo ni todo lo agradable es bueno.

  1. Furia/Ira.

«Furia/Ira es muy apasionado acerca de hacer que las cosas sean justas para Riley. Tiene un espíritu ardiente y tiende a explotar (literalmente) cuando las cosas no salen según lo planeado. Se apresura a reaccionar de forma exagerada y tiene poca paciencia para las imperfecciones de la vida.» (web oficial)

Se ve bastante bien en la película cómo desde la ira se suele sobredimensionar el fracaso. Asimismo, resulta interesante notar que cuando ambas furias dirigen el encuentro personal se produce la pelea, en la escena de la cena; en cambio, en la escena cuando habla con la mamá en el cuarto Furia dirige en Riley, pero no en la Mamá, por tanto no hay “choque”, sino que Alegría recupera el mando.

iraAunque es cierto que hay una ira buena (como la indignación ante la injusticia), de cuyo buen uso algo asoma la cinta cuando abren el vidrio y rescatan a Tristeza y Alegría, lo cierto es que ‘enganchamos’ en la ira:

  • no busca solucionar, ni congeniar sino ganar, afirmarse, satisfacerse, produciendo también molestia en el otro (como en la pelea padre-hija);
  • genera un exponerse que resulta auto-agresivo (la huida en autobús);interpreta negativamente la realidad, aislando de los demás (la reacción ante la nueva integrante de su antiguo equipo de hockey);
  • nos separa y aparta al otro de nosotros aunque le necesitemos (lo cual es evidente cuando Riley huye, brava.)

Todas las caracterizaciones de las emociones (quizás más evidente en Alegría) quieren el bien de Riley y son persistentes en ello: la búsqueda de lo que se reconoce como bueno es lo que nos mueve a actuar siempre. Es por esto que la formación de nuestra inteligencia y el fortalecimiento de nuestra voluntad, para que busquen siempre la verdad y el bien, resultan decisivos en nuestro desarrollo y crecimiento personales.

Es un reto que podemos ir construyendo día a día, en las cosas pequeñas, por medio del ejercicio de las virtudes.

(*) Este post fue publicado originalmente en http://proyectosb612.com/las-cinco-emociones-de-intensa-mente-parte-2-de-2/

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Tres ideas acerca de los sentimientos. A propósito de Intensa-mente (1 de 2) *

La más reciente película de Disney-Pixar, “Inside out”, que en Latinoamérica se ha llamado “Intensa-mente” y en España “Del revés”, ha puesto en la mira parte del papel que los sentimientos, emociones, afectos… desempeñan en la vida de las personas, pues cuenta la historia de Riley Anderson, una niña de 11 años, y de las “cinco emociones” −Alegría, Temor, Desagrado, Furia y Tristeza− que actúan en su interior.

La persona humana es una unidad perfecta de cuerpo, alma y afectividad. Al cuerpo pertenece su relación directa con el mundo por medio de los sentidos y las funciones básicas propias de la supervivencia y el crecimiento. Su alma o dimensión inmaterial está caracterizada por la inteligencia (encargada de entender la verdad) y la voluntad (cuyo trabajo es querer el bien). La afectividad, por su parte, es la dimensión por la cual las cosas y situaciones nos “afectan”, nos importan. La conjunción (armónica) de estas tres hace de la persona el sujeto único e irrepetible que es. Ni puro cuerpo (biologicismo), ni sólo alma (racionalismo o espiritualismo), ni sólo afectos (sentimentalismo): una unidad compleja de elementos en la que cada uno es importante. No obstante, el rol de moderador le corresponde a la inteligencia y la voluntad, pues la sola supervivencia resulta pobre para el ser humano y los sentimientos son cambiantes por naturaleza, dependen de las circunstancias, mientras que la inteligencia y la voluntad están (pueden estar) en función de la propia perfección.

“Intensa-mente” resulta particularmente interesante pues, siendo una película dirigida inicialmente a niños, logra sintetizar bastante bien un asunto que en sí mismo es amplio y complejo.

Valdría la pena, con ocasión de lo allí propuesto, recordar tres ideas acerca del mundo de los sentimientos humanos, que podemos encontrar en el filme:

  1. Omnipresencia de la afectividad en la vida humana. Somos, ya lo decía, sujetos afectivos. Quien más, quien menos, por personalidad, cultura, sexo, idiosincrasia, etc., todos experimentamos sentimientos, emociones, pasiones, afectos… Interesa, sin embargo, que lejos de dejarnos “manejar”  inconscientemente por esa afectividad, aprendamos a conocerla, manejarla y potenciarla a favor del propio desarrollo personal y relacional. Intensamente 1
  2. Todas las emociones y situaciones son valiosas e importantes, también las negativas. Sabemos por experiencia que el ser humano busca por naturaleza el bien y evita el mal, pero no puede huir de él eternamente. Por tanto,más que esforzarnos por “evitar el sufrimiento”, hemos de procurar “aprender a sufrir” y reconocer que las emociones negativas tienen un rol importante que jugar en la vida, tanto para el enriquecimiento del propio proceso de maduración y aprendizaje como para la vinculación con los demás.
  3. Relevancia de la familia en el desarrollo de la persona. Tanto para conocernos a nosotros mismos en la visión del otro (que nos conoce y nos ama), como para apoyarnos y superar las dificultades: la familia es el primer proveedor de amor y el que más necesitamos: enriquece, sana, acoge, restituye

La afectividad es una dimensión positiva y valiosa de nuestra condición personal, con una capacidad y fuerza únicas: hemos de aprender a conocerla, manejarla y dirigirla para un mejor desarrollo.

* publicación original en bit.ly/1KGC7Yz

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Cuatro “herencias” de papá (*)

El mes pasado hacíamos un breve comentario en torno al amor de madre. Sin embargo, una reflexión como esa no estaría bien planteada si no la acompañan algunas palabras acerca del amor paterno, pues ambos existen de modo complementario: a fin de que, entre uno y otro, cada hijo cuente con el ambiente óptimo para su desarrollo y crecimiento en las distintas dimensiones de su vida.

Es un hecho innegable que cada modo de ser aporta elementos únicos a nuestra configuración personal; y siendo junio el mes del padre en el país donde se escriben estas líneas, quisiera detenerme ahora a pensar en cuatro características que –a mi modo de ver− son herencia del amor masculino, del amor paterno (y con él, del de los tíos, abuelos, padrinos…) en nuestras vidas[1].

PapáPiscina

  1. Confianza en uno mismo. Autonomía. Sabernos queridos por nuestro papá nos da una especie de fuerza e impulso: el convencimiento de que somos capaces de todo. La relación paterno-filial supone un nexo particular que nos impulsa a superar nuestras propias barreras, limitaciones o dificultades. El incentivo del padre nos mueve a no rendirnos nunca, a sentirnos capaces de dar más y mejor de nosotros cada día. Su confianza en nuestras capacidades nos llena a nosotros de confianza.

Aprender de Papá

  1. Espíritu de aventura y conocimientos. Sin detenernos en las tesis científicas que explican que la inclinación al estudio y el aprendizaje provienen del coeficiente intelectual del padre, el hecho es que esa invitación a probar, intentar y superarnos una y otra vez, se traduce también en un interés por lo nuevo, por el aprendizaje, no sólo intelectual sino también manual: saber hacer, fabricar, inventar e innovar ocupa gran parte del tiempo que compartimos con papá.

padre-abrazando

  1. Apoyo y protección. Seguridad. La figura del padre está estrechamente ligada a la de autoridad y ley, pero desde una bondad objetiva por la que se deja ver que la firmeza está en función de nuestro bien. De ahí que los brazos del padre son siempre refugio seguro en el que cobijarnos. Sin juicios, sin rechazos (lo cual no significa “sin reprimendas”, cuando hacen falta), papá siempre nos espera, nos acoge, nos ayuda a descubrir lecciones detrás de cada caída y de cada acierto.
  1. Referente de futuro. En líneas generales, y aún cuando no se nos ocultan sus defectos y limitaciones, imitando-a-papalos hijos quieren ser como su papá cuando crezcan: imitar sus modos, sus tratos, sus gustos…; y las hijas suelen dibujar a su “príncipe azul” en función suya: la “altura de la vara” se mide por lo que han aprendido a valorar de su padre. Es el punto de identificación y referencia de lo que queremos para nuestra existencia futura.

La figura paterna (la humana y la espiritual) es una de las más importantes en la vida humana y, en consecuencia, también para el adecuado desarrollo de nuestra sociedad. Necesitamos redescubrirla y recuperarla para el enriquecimiento de la vida familiar.

Felicidades a quienes tienen la suerte de la responsabilidad paterna. Gracias a Dios y a la vida por mi papá, por mis tíos, por los grandes padres que son mis hermanos y también por mis primos y amigos que son papás.

[1] No pretendo con esto –¡en lo absoluto!− “encasillar” o “etiquetar” nada ni a nadie. Se trata de observaciones generales, que bien podrían darse de otra manera en muchos casos.

(*) Este post lo publiqué originalmente en http://proyectosb612.com/cuatro-herencias-de-papa/

Cinco características del amor maternal (*)

El mes de mayo, que ya se va despidiendo, tiene en muchos países –en prácticamente todos, gracias a las TIC− un acentuado tono de reconocimiento y ovación femenina, pues suele ser el mes en el que se celebra “el día de la madre”. En mayo suelen poblarse las redes sociales de todo tipo de anuncios resaltando la importancia de esa persona que no sólo nos ha transmitido la vida, al permitirnos nacer, sino que además nos ha entregado su vida, acompañándonos en cada paso de nuestro camino.

Hemos de reconocer que esa presencia materna tiene una fuerza como ninguna otra en el universo. Tanto en lo bueno como en lo malo, nada influye en nuestra vida con la misma intensidad con que lo hacen las palabras, acciones, vivencias, etc., que hemos compartido y/o todavía compartimos con ella.

Me gustaría tener habilidad suficiente para hacer una apología a “la altura” de la madre; de la mía, las de mis padres, las de mis primos, las de mis amigos y tantísimas otras, conocidas y desconocidas, habitantes en el tiempo o ya en la eternidad, pero me parece que la dignidad de la mujer que es madre escapa de cualquier cosa que pueda decir, lo cual no impedirá, no obstante, que al menos lo intente.

Pensando en esos anuncios que se comparten una y otra vez en la web, me pareció reparar en cinco elementos comunes a todos ellos, comunes a las buenas madres. Cinco características que suelen resaltarse cuando se presenta la riqueza de la figura materna:

  1. Generosidad: entrega. No hay límite de lo que una madre está dispuesta a dar y de hecho obsequia. Tiempo, conocimientos, gustos, cuidados, apoyo, consejo…todo lo que tiene y puede está a nuestra disposición, según necesitemos.
  2. Perseverancia en los esfuerzos. La entrega mantenida en el tiempo. Para una madre, el “basta ya” no existe. Sus hijos son su atención, preocupación, alegría y orgullo desde que se entera que le lleva dentro y hasta la última de sus respiraciones. No hay “mayoría de edad” ni “independencia” que la detengan.mamá de adulto
  3. Alegría. Que no significa un carcajearse continuo ni mucho menos, sino la habilidad de no dejarse ganar por las dificultades –las del medio, las de nuestros defectos o de los suyos− y de complacerse en lo bueno.
  4. Capacidad de vislumbrar el bien posible: exigencia. Porque una buena madre no es la cómplice ni la que se ciega por el cariño, sino aquella que es capaz de reconocer, junto a nuestras cualidades, todo el bien que aún nos falta por alcanzar, las fortalezas con las que contamos para lograrlo y las debilidades que nos lo dificultan; motivo por el cual nos invitan a más (y mejor) cada vez.
  5. Sentido de trascendencia. Una madre entiende que su hijo se hace a sí mismo en el tiempo; que habrá de perfeccionarse gradualmente y que ese autoconstruirse −a cuyo servicio ella pone todo cuanto puede− va más allá del instante presente, para proyectarse en el infinito.

La grandeza de una madre, el motivo por el que es tan importante e imprescindible en la vida de cualquier persona (incluyendo a aquella que, por los motivos que sea, hace sus veces) consiste, en resumidas cuentas, en que ella desarrolla, con una amplitud y naturalidad únicas, la capacidad humana de amar: de darse por el bien de los demás. Esa es su nobleza, su legado, su ejemplo. De allí que, a mi modo de ver, la mayor riqueza que tiene la humanidad es, precisamente, la mujer que vive su maternidad –biológica o espiritual− en plenitud.

supermadre

Gracias y felicidades a cada una de ellas.

Gracias a Dios por esas joyas.

(*) Este post lo publiqué originalmente a finales de mayo en http://proyectosb612.com/cinco-caracteristicas-del-amor-maternal/

“Cuatro formas de vivir el optimismo”

Este texto está publicado originalmente en el excelente Blog http://proyectosb612.com/

Pueden acceder a él en: bit.ly/1zO0abX

Cuatro formas de vivir el optimismo

El tema del optimismo es uno de esos de los que todos hablamos, aunque no siempre con unidad de criterios.

Desde un punto de vista muy superficial, suele dibujarse al optimista como un sujeto ingenuo –que se autoengaña repitiendo que “todo está/estará bien”−, conformista y pasivo para quien tener “la mitad del vaso lleno” resulta suficiente. Si se la plantea así, se entiende que resulte una virtud tan poco atractiva.

Pero no consiste en eso el verdadero optimismo.

En líneas muy generales hablamos del optimista como de alguien que confía razonablemente en las capacidades propias y de quienes le rodean, que le lleva a fijarse en las oportunidades de bien que brindan las diferentes situaciones. Es el sujeto que atiende con realismo a “la mitad vacía del vaso” y la valora como una ocasión que se le ofrece para buscar los medios con los que llenarlo.

El verdadero optimismo no supone estar “echando porras”, “flotando sobre una nube” o riendo todo el día. De hecho es perfectamente compatible con el cansancio, el dolor, la tristeza…siempre y cuando no se abandone el empeño por conseguir las metas propuestas.

Podríamos hablar de tres características de la persona optimista:

  1. Confianza. En sí mismo, que le lleva a actuar. En los demás, que le lleva a pedir ayuda cuando reconoce sus propias limitaciones. En las opciones de bien que toda situación presenta, pues el mal absoluto no existe.
  2. Deportividad y perseverancia en los esfuerzos. Nada que valga la pena se consigue sin lucha. El des-enfado, propio de la actitud deportiva, lleva a continuar un día tras otro, mejorando en lo que haga falta y manteniendo lo bueno, sin rendirse por las dificultades.
  3. Capacidad de trascender lo inmediato. Porque la persona humana existe sólo en presente, pero se autoconstruye en el tiempo y nada de lo nuestro –ni los éxitos ni los fracasos− son definitivos.

Teniendo en cuenta que esta última característica da apoyo y sentido a las dos anteriores, vale la pena −como invitaba Víktor Frankl a sus pacientes y a sus compañeros de Auschwitz y Dachau− que encontremos un sentido trascendente a la propia existencia  de modo que podamos dar a las cosas, las personas y las situaciones el valor que realmente merecen.

Decía en una ocasión este psiquiatra vienés que “la vida tiene siempre un sentido, en cualquier circunstancia, y también aquí, en este maldito campo… Debemos mantener la esperanza de que nuestra vida jamás perderá su dignidad y su sentido. Os aseguro que en las horas difíciles siempre hay alguien que nos observa: un amigo, una esposa, alguien que esté vivo o muerto, o un Dios. Y ese alguien espera que suframos con orgullo, no miserablemente, y…con dignidad”[1], con lo cual daba a sus interlocutores –y a nosotros− una luz nueva sobre lo que puede constituir la confianza última y más firme para vivir el optimismo.

En estos tiempos de crisis (en casi todos los ámbitos, hemos de reconocerlo) la práctica de esta virtud se presenta como un reto muy particular. Creo que las siguientes cuatro ideas podrían ayudarnos a ello:

  1. Plantearse y mantener siempre presente el sentido de la propia vida.
  2. Mejorar y profundizar en nuestro autoconocimiento, en el de los demás y en el de la realidad que nos rodea.
  3. Plantearse metas de mejora cercanas y concretas para no desfallecer en los esfuerzos.
  4. Ejercitarse -al conversar, por ejemplo- en resaltar siempre, o al menos de primero, lo bueno de las personas y las situaciones.

Necesitamos hacernos cada día más capaces del bien y el crecimiento en optimismo es buen camino para lograrlo.

[1] Rafael de los Ríos. Cuando el mundo gira enamorado. Rialp 2002 2da edición p.109